Monday, March 30, 2009

Las noches mosquiteras o por qué sufrimos tanto cuando hay mosquitos

En el cuarto de Adrían está su cama pegada a la ventana, del lado derecho de la cama hay un pequeño taburete donde pone su dentadura, fuera de un vaso, sobre su libro de cabecera, junto a sus lentes y bajo una lámpara que usa para leer en las noches algún tratado psicológico que aniquile el insomnio.

Encima del paladar del septuagenario caballero, en las noches, el club de los Chupasangre se reúne a darse sus tragos en la barra con forma de brazos. Decidieron picar al pobre anciano por su refinado gusto culinario que se vuelve ambrosía rojo para los mosquitos.

Una noche, como cualquiera otra, el club se reunió y todos tomaron de los brazos del pobre viejo, dándole comezón dos o tres horas después. Aquella noche llegó el “Mustio”. Triste porque su esposa acababa de morir; Golosa había seguido a una gorda al teatro y se dio un manjar tremendo, tal, que dejó de ver bien y decidió ir a dormir. En tal estado se hallaba que no vio el final de la obra y antes de morir vio su reflejo en un anillo ancho en un dedo. Murió en aplausos. Él enviudó. Estaba borracho, había ido a una cantina y había tomado sangre del más pobre de los choferes para tener la peor mezcla.

Los mosquitos se habían divertido zumbando por los oídos del anciano y viendo cómo éste perdía su sueño. Se regocijaban mientras pasaban, uno a uno, a despertarlo cuando creía por fin conciliar el sueño. Había una apuesta: evitar que durmiera hasta que no empezara a rascarse los brazos que sería la hora en la que tendría que despertarse para el día siguiente. Como era verano al viejo le costaba dormir y los moscos sólo recordaban la temperatura del clima.

Triste, Mustio dobló la apuesta para impresionar a las damas que, desde el marco de la ventana, veían al más valiente de los zánganos. Dijo que él solo podría mantener al viejo en vigilia y además hacer el truco que le había ganado, hace tantos años, su apodo. Nadie lo creyó posible así que todos apostaron dejarle el manjar de la aorta. Mustio logró cumplir casi todo el tiempo restante antes de que la comezón empezara. Cuando faltaban dos minutos, el valiente mosquito comenzó su hazaña: cual ráfaga iba de una a otra oreja por encima de las cejas. El viejo se desesperaba y comenzaba a pegarse en las orejas sin darle al insomnio con alas. Los aplausos no se hicieron esperar y los zumbidos de las damas no se quedaron atrás. Se emocionó tanto por olvidar a su hembra que no paró y hasta subió la velocidad y el anciano hizo lo mismo.

Fue en ese momento cuando el movimiento de las manos creó una onda que mandó a Mustio volando hacia el pecho sudado del viejo. Cayó sobre una gota de sudor cuya consistencia y hedor mezclados con el licor no le permitieron mover sus alas. En su mareo y náusea intentó huir y no vio aquel vello canoso que lo atrapó…

No hubo escapatoria a la mano izquierda.

Monday, March 23, 2009

El letrero de salida

Te escribo esta carta para narrarte tu vida porque no la viste, te cegaba el egoísmo. En tus ladrillos murales cuelgan cuadros y en los míos rasguños; tus puertas son para evitar el frío y al ajeno, las mías dejan al frío pasar pero no a mí. Yo estoy en la cárcel y crees que es por amor. Y yo que vi el letrero de salida.

Mis noches se volvieron la ambientación perfecta para mis lamentos que, ante la luz de la lámpara que coloreaba el cuarto de amarillo, no te dejaban ver las lágrimas que hacían ácido mi té y combustían con mis entrañas que ardían de odio y arrepentiemiento. Nunca escuché a quienes se interesaron por mí porque no los veía atrás de la viga más tóxica: tú. Nunca vi el verdadero significado de cuando rompiste la foto de la boda que fundó mi familia y tu discurso: "si quieres estar conmigo, ellos están muertos". Jamás entendí que los callabas por miedo a que sus palabras me abrieran los ojos que tanto odias ver por ser idénticos a los de mi madre y diario te recuerdan que esa señora siempre te quiso lejos de mí. Así te quería mi madre.

Cuando rompiste mi foto y la arruiné con lágrimas, la secaste con las llamas de la estufa simbolizando "la dulce y bella nueva vida". ¡Cuánto me alejaste de Dios! Vi que después de mi vida siguió mi muerte; si no me crees recuerda aquella noche y véme ahora dormir amarrado a las puertas de la celda, nos llaman las gárgolas y así permanezco muerto.

Aquella noche, la última, me pediste que asaltara esa tienda en la que, según tú, había dinero tuyo. Cuando realmente tu dinero seguía bajo el colchón y me habías vendido como chivo expiatorio para los problemas del hijo de puta que en adelante tomaría lo que en el altar juraste mío para siempre. ¿Realmente crees que nunca vi lo que hacías? ¿Crees que no olía la cama a su sudor? ¿Crees realmente que alguien toque en la puerta de su propia casa sólo para hacer un broma y dejar a los adúlteros arreglarse? Esa noche, en aquella tienda brillaba el letrero de salida en el pasillo de la entrada. Me emocioné al verlo porque creí que era un símbolo: era la salida a nuestros problemas, la salida de nuestras peleas, de tus rencores y disculpas sin corazón. Cuando entró la policía los muy desgraciados se divirtieron pegándome y en mi defensa aventé una botella que rompió el letrero de salida. Eso fue lo último que vi antes de cubrir mi cara con mis manos rotas por macanas y fue cuando entendí la ironía de la vida: yo mismo había evitado mi salida.

Así me dejas ahora, y te cuento tu vida porque vives en el sueño de la vanagloria que mantiene tus ojos cerrados. Pronto los abrirás. Uno de las gárgolas que duerme junto a mí resulta ser mi hermano de otra madre y se siente Edmundo Dantés. Cobrará lo que no puedo de ti y ese cabrón.

Te cuento tu vida porque quiero que la veas mientras se funde tu letrero de salida.

Tuesday, March 17, 2009

Feliz día de San Patricio


Soy de corazón irlandés porque me gusta la cerveza, bailar, la música folclórica, soy católico, estoy cerca de un país imperialista que ha controlado gran parte de la historia de mi país al cual le tengo una especie de odio-amor, se me ve bien el verde (ajá), me gusta mucho la cerveza y creo en encontrar el "pot of gold" para solucionar mi vida (en México se llama melate).

A ti, Puta.

El suicidio, en mi caso, ocurre diario desde que te conocí. Hasta hoy. Escogí asfixiarme para al menos poder ver el mundo que nunca hice a mi manera y siempre creí poseer. Me pongo una corbata para lograrlo y ahogarme en mi cubículo. Sólo espero las dos y las seis de la tarde para huir donde me pierdo en un estacionamiento de dos horas y ruego no volver para oír lloriqueos y quejas. Todo es tu culpa. Tu padre me empleó y era bueno hasta que el idiota perdió todo en una mala inversión. Ahora me hacen trabajar.

Creía en la libertad de mi alma como fuente de un eterno escape repetido al infinito y llegaste tú, enamorada de mí y mi aliento a mierda. Te advertí que no me interesaba nada y creíste encontrar un corazón con luz. De cualquier forma bañamos nuestros cuerpos en sudor y nos cagaste nueve meses más tarde. Desde ese día, puta, me siento profeta. Puedo ver cada día de esta vida porque cada uno está igual que el anterior.

El vicodin, el valium, el alcohol y el tabaco me han liberado de ti y la pequeña puta con tu nombre y el de tu madre. Las más grandes de las putas. Su cara, llena de arrugas y tu juventud sólo muestran cómo las estadísticas de los condones rotos son ciertas. ¡Carajo! Ni siquiera se ve que te haya amamantado. En tu soledad me fuiste a buscar, estaba en mi cueva viendo sombras ególatras y vanagloriosas, a ver si tenía tetas que chupar.

Mi voz es baja y nadie me oye porque mi garganta se secó por todos los gritos que me robaste. Ahora sólo soy la sombra que trae cafés y vaga por la ciudad esperando que un día mis vicios me maten. Lo peor de todo es que, cual parásitos, vivimos porque el otro sigue en este mundo. Pero hasta aquí llegué, Puta, que es tu nombre. Prostituiste mis sueños por tus esperanzas, robaste mi vida por traer otra al mundo. Me jodiste mientras en el hospital sonreías. No te odio porque nunca te amé. Simplemente me das asco.

Con esta corbata que me regalaste el primer día de trabajo y la camisa que me aprieta el cuello saltará la vena de mi frente mientras busco ver negro.

Hasta aquí. Adios.

Sunday, March 08, 2009

Catolicismo light


Entre Böll (Opiniones de un payaso) y una nueva reflexión, llegó Banksy.

Tuesday, March 03, 2009

El suicidio

En una tienda...

- Buenas tardes, joven, dígame ¿dónde tiene las cuerdas?
- Por acá, por favor.
Lo sigue por tres pasillos y el empleado pregunta: ¿Para qué es la cuerda?
- Para un suicidio.
- ¡Qué!
- ¡Ah, ya sabe! Cuando la gente se asesina a sí misma.
- P-P-Pero, señor, usted...
- ¡Ah, no, calma! No es para mí. Es para mi hermano.
- ¿Su hermano? No pensará usted en...
- ¿Ayudarlo? ¿A mi hermano? Pues claro, para eso estamos los hermanos. Dijo que ya tuvo suficiente y le quería llegar. Le voy a ayudar.
- No puede hacer eso. Es...
- ¿A usted que fregados le importa? Ni lo conoce y tampoco es que lo vea de Madre Teresa ayudando a los pobres que tardan y sufren más para morir. Que le importa mi hermano. Debería de agradecerle, si se muere hay más recursos y menos contaminación.
- Señor, no puede usted ver a su hermano así, ni la vida, ni la muerte. Son temas trascendentales.
-Calma, calma. Ah, y por si fuera poco, un trabajo mejor pagado que el suyo. Si gusta le doy la dirección y usted va pasado mañana a solicitar la vacante.
- ¡Señor! ¿Qué dice? De esa forma, el suicidio como persona será suyo. ¿Cómo puede pensar así? Un segundo... Dice usted... ¿Un trabajo mejor pagado?
- Entonces, ¿qué cuerda?
- La de la derecha. ¿Qué dirección?

Wednesday, February 25, 2009

Miércoles de ceniza

Salí de mi casa por la mañana con frío sólo para encontrar el clima más caliente y aguantar el saco que llevaba puesto, encima de todo era negro para ayudar al calor. Llegué al trabajo tarde porque el primer semáforo afuera de mi casa no se movió de rojo en cinco minutos dándole así preferencia a una calle pequeña y ninguno de los conductores de la primera fila parecía captar.
Cuando subía por el elevador me di cuenta que el botón superior de mi camisa no cerraba así que antes de saludar a mis colegas fui al espejo. Frente al lavabo, intentando corregir mi apariencia y abrochar el guardaespaldas de la corbata, tiré mi té. ¡Qué bien iba mi día!
Encima de todo, mi desayuno había sido yoghurt de mango que no quita el hambre. Así que sin el té me quitaba el poco de azúcar del dia. Para no desesperar más me fui a reportar con mi jefe; quien no había llegado. Decidí ir al ocio y fundirme con él pero alguien me vio y mis intenciones de herrero desaparecieron para organizar un clóset lleno de expedientes. Tenía dos pasillos de dos metro y entre la línea de en medio y la de cualquier otro lado no habían más de cuarenta centímetros, por lo que moverse era muy difícil. Así estuve hasta las dos de la tarde, hambriento, sediento y mareado por haber salido de un cuarto lleno de aire acondicionado a una temperatura del resto de la oficina.
Esperando que mi día mejorara, me dirijí a la salida cuando oí mi nombre dicho de un timbre de voz de autoridad: mi jefe. Fui con él a ver qué se le ofrecía, se le ofrecía que visitara Palmas y Masaryk y dejara unos papeles nada esperanzadores para los recipientes: no les iban a pagar porque no les era debido, aunque bien pudo haber sido por maña. No lo sé. Encaminé mis pasos a mi coche y me emocioné por la falta de coches; pude arrivar temprano a casa, esperando comer temprano y matar el hambre rápidamente. Como ley de Murphy, el tráfico del que me salvé y por el cual todos los coches estaban en insurgentes antes de periférico había hecho víctima de sus males a mi madre y hermana: no podía comer sin ellas. Seguí en el duelo con el hambre y ella ganaba. Cuando por fin comimos ya era hora de irme a cumplir con mis encargos por miedo a que me cerraran cualquier oficina. El tráfico no ayudó al hambre, la ansiedad y el hartazgo del día. Dejé ambos documentos y moví el volante en dirección de un lugar donde impusieran la ceniza. Por fin salí y bajé del coche después de tres horas.
Harto, cansado, con hambre, ansiedad, con el botó abierto y mal presentado, subí al auto para el último recorrido. Todo el día parecía desesperanza y frustración cuando un rayo divino se asomó sobre mí: un señor, parecía entrado en la vida con cuatro décadas de experiencia, venía caminando entre los coches y al de enfrente mío le dio direcciones de cómo llegar a un sitio. Se dirigía a mí y vi en su frente la cruz trazada con ceniza. Me alegré tanto de ver a un cristiano haciendo buenas obras que mi día cobró sentido, todas las tardanzas, coincidencias y acciones ahora tenían sentido: tenía que ver eso y tener fe en el hombre. Me regocijé y se acercó a mi ventana, le iba a dar dinero por caridad y alegría cuando un rayo de ironía pegó a mis ojos electrificando y atrofiando mi cerebro. De su mano derecha salieron tarjetas de descuento de un "table dance".

Todo cobró verdadero sentido. "No sólo de pan vive el hombre, sino también de las palabras que salen de la boca de Dios". Fue hoy, miércoles de ceniza.

Tuesday, February 24, 2009

La enfermedad

-¡Doctor, doctor, venga rápido!
-¿Qué pasa?
-No lo sé, doctor. No se controla. ¡Ayúdenos!
-Claro, pero... ¿cuánto tiempo ha estado así?
-Dos semanas y media, ya.
-No puede ser. Nunca había visto un caso tan avanzado.
-¿No hay nada que pueda hacer por él? ¿Acaso no hay cura?
-Lo siento, es ya muy tarde. Está muy caliente.
-¿Caliente?
-Sí. Me temo que no hay manera de enfriarlo.
-¿Quiere decir que será...?
-Me temo que sí, señora. Me temo que sí.


-Mamá, ¿qué ha dicho el doctor?
-Lo peor, hija. Lo peor.
-¿Jamás será hipócrita frente a nadie más?
-Así es, hija. Será más humano.
-¡Cuánto lo siento, oh madre!
- Me alegra oírte y saber que estés bien, mi linda hija.

Wednesday, February 04, 2009

Mayo de 1805

¿Cansado de no entender la resignación cristiana?
¿Harto del dolor?
¿No quiere "cargar su cruz"?
Pues gracias a Freidrich Wilhelm Adam Serturner, esto tiene solución.

¡Sí! Escuchó bien.

Olvídese de su rezos, la resignación, el sufrimiento en silencio.

Tenemos lo que usted necesita. Y, lo mejor de todo ¡es 100% legal!

Tuesday, January 13, 2009

El café no fue gratis.

Salí de París a las 10:05 de la mañana del aeropuerto Charles de Gaulle para llegar a Roma y aún poder disfrutar el día. Llegué al aeropuerto y no entendía bien hacía dónde estaba el metro o el tren que llevara a él. Pregunté a un señor que estaba cerca; él no hablaba inglés así que tuve que entender italiano a base de señas y mucha imaginación. Ya me dirigía hacia donde debía cuando oí a una señora hablando español esperando que se le entendiera. Regresé con ella y le dije que yo la guiaría pues ya había entendido. Así que caminamos hacia el tren.

Su acento me recordó al del norte de México por lo que me encariñé rápido con la señora, al fin y al cabo llevaba más de un mes fuera de mi país, lejos de casa. Y, mientras buscábamos entender qué tren se iba a ir por dónde y hacia adónde, no platicábamos salvo de llegar ya a Roma. Se nos fue el primer tren y el segundo no quería salir porque el chofer estaba harto del día y apenas iba a la mitad. No trabajaría más. Tuvimos que esperar a que otro dejara su hora de comida.

Había aterrizado hacía dos horas y apenas estaba abordando el tren que me llevaría a Roma. Estaba famélico y el hedor del tren, que recordaba a una estación de metro mexicana, me mareaba y daba un sentido de localidad que extrañaba. El calor era asfixiante y dentro del tren empeoró. Bastó abrir los ojos para darme cuenta que estaba en una ciudad de 28 siglos en Europa y no en México, la emoción me permitía ignorar las malas sensaciones. No estaba siendo placentera, hasta ese momento, mi visita a Roma.

Ya arriba del tren, la señora a la que había ayudado me empezó a platicar de su vida, no me molestaba hablar y responderle pues llevaba como 10 horas sin hablar para algo distinto a pedir. Estuvimos conversando; me contó que era ecuatoriana y vivía en Barcelona, tenía una hija, de mi edad decía, un poco más grande tal vez. Sí, más grande. Y que estaba divorciada, enojada con ese "jo 'e puta" y que en el trabajo le había recomendado irse por un tiempo de vacaciones con su hija quien, al final, no pudo ir porque había reprobado unas materias y no había mérito para viajar. Me preguntó sobre mi escuela y se alegró de oír que no había reprobado nada.

El trayecto duró poco más de una hora. Hubo un periodo que todas las preguntas fueron de ella hacia mí, y eran bastante específicas, sobre mí y mis gustos, poco de mi familia o amigos. Poco a poco iba desglosando mi propio cosmos para una extraña que no hablaba en su trabajo debido a su posición y necesitaba decir todas las palabras que no había usado en seis meses. ¡Carajo, hay un límite! Ni más qué hacer, seguí respondiendo a sus preguntas cada vez más raras con las nauseas del hedor, las ansias que crecían por el calor, el hambre que comenzaba a devorar mi buen humor. Entre más le gustaban mis respuestas, más me quería hacer conocer a su hija: Salomé, como ella.

Cuando acabó el trayecto me dijo que había sido muy amable y que, por ello, me invitaría por un café y algo de comer. Ninguno habíamos comido nada y no estábamos cayendo ya. Cuando el fin del café y la comida llegaba a su fin, comenzó la última conversación.
- Dime -preguntó con una sonrisa y tono de curiosidad infantiles-, ¿crees en la reencarnación?
- No -contesté, despertando del limbo de somnífero en que me encontraba-, no creo en ella.
- ¿Seguro?
- Sí. Bastante, ¿por qué preguntas?
- Me dijiste que tenías 19 años y medio, ¿no? -ella ya no podía esconder la emoción-.
- Así es, pero, ¿por qué la pregunta de la reencarnación? (Me estaba desesperando más, el clima y esto se volvieron un revólver para mi humor, así que nos paramos para ir hacia la estación del metro).
- Es que mira... Bueno, el café y la comida te los di porque... En fin, también me caíste bien no es otra cosa sino que... No entenderías. ¿Te gustaría conocer a mi hija?
- No lo sé, tal vez, pero primero explícame que quieres decir con lo de la reencarnación y tu cambio de ánimo -mi tono estaba dejando de ser amigable a pesar de que siempre estoy somnoliento después de comer y el calor no ayudaba.
- Sería genial, ¿lo imaginas? Los dos juntos de nuevo.
- Lo siento, pero tengo novia -seguíamos caminando buscando la puerta para cada dirección, cada uno iba hacía una dirección distinta del metro.
- Bueno, es que... Mira, el café y todo te lo di porque me parece que podrías ser como él. -Yo volteé a todos lados para ver a quién se refería sin ver a nadie y ella no quitaba su mirada de mí-. Mentira, me parece que podrías ser él y verte con mi hija implicaría verlos juntos como jamás pude.
- Salomé, dime ya, ¿de quién hablas? -justo cuando encontramos cada uno su entrada.
- ¿No entiendes? Tú eres el hijo que perdí hace 18 años, reencarnado y por eso te encuentro ahora, para que estés con mi hija y no los pierda.

Tomé mis cosas, le di las gracias y me fui, gracias a Dios, no íbamos hacia el mismo lugar. Yo que creí que mi carisma y mis ganas de ayudarle habían provocado el café y la comida. No, fueron mis calificaciones las que le dijeron que podría ser su hijo. El café no fue gratis, a cambio quería un incesto espiritual.

Monday, January 12, 2009

El problema de México

Tras meses de reflexión y algunos viajes he llegado a la conclusión sobre cuál es el problema de México. Hela aquí:
Está lleno de mexicanos.

Amén. Salud.
P.D. Estos dos quedan muy ad hoc.

Monday, December 08, 2008

8-12

28 años
Me siento huérfano.

John Winston Lennon

65 años
Me siento triste.

James Douglas Morrison


121 años
No siento nada, pero igual se festeja.

Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez

Friday, December 05, 2008

111: I remember, I remember, I remember...

Creo que criar cachorros robóticos, famélicos y de placebo es lo mismo que:
a) cruzar el cielo en una estrella fugaz, y
b) recorrer Europa en un camión del que no se puede bajar.

Y me parece que el 111 algo tiene que ver.


Her green plastic watering can
For her fake Chinese rubber plant ``
In the fake plastic earth.
.-. That she bought from a rubber man
In a town full of rubber plans
To get rid of itself.
It wears her out,
it wears her out
It wears her out, it wears her out.....................

She lives with a broken man A cracked polystyrene man
Who just crumbles -------------------------------------------------------------
[and burns.
He used to do surgery ($$$$$$$$$$$$$$$$$$$$)
For girls in the eighties
But gravity always wins.´´´´´´´´´´´´´´´´+`+`+++

And it wears him out, - - --- ----
it wears him out. . . . . . .
It wears him out, it wears . . .

Monday, November 24, 2008

¿No qué no?

¿No qué no?
Voy a RA D IOHEA_D.
Voy a Oasis.
Me salí del CIDE.
Voy a la UP.
No seré abogado.
Seré filósofo de (al menos) licenciatura.
Tengo un semestre de vago.
Trabajaré.
Tendré tiempo de escribir y leer cosas más cálidas que el derecho.
Y sí, estoy usando mi blog como diario.

¿No qué no?

Monday, October 13, 2008

El último vicio del mundo

Ocio.
El último vicio del mundo.
Él ul timo vicio del mundo.
Él timó el vicio del mundo.
Él, timón del vicio del mundo.
El ocio, el timón del vicio del mundo.
El ocio, el timón del mundo del vicio.
Él, ocio, el último vicio del mundo.

Lo siento, es el ocio.

Wednesday, August 20, 2008

27

- Oye, no me quiero morir viejo.
- Yo, tampoco. ¿Tú por qué no?
- Es sencillo, se va la magnificencia de la juventud. El frenesí. La ilusión. Y te vuelves muy dependiente.
- ¿No es algo inmadura tu razón?
- Tal vez. ¿Cuál es la tuya?
- "La edad de oro".
- ¿Cuál es esa?
- Los 27. Kurt Cobain, Janis Joplin, Jimmy Hendrix y Jim Morrison murieron a esa edad.
- Pero tú no eres ninguno de ellos, y no pintas ser uno. ¿No es tonta e inmadura tu razón?
- No. Es joven.

Thursday, July 31, 2008

Europa

Llevo poco más de un mes en Europa y tenía que bloguear desde aquí, claro. Supongoo que como es mi primera vez en Europa debo de decir cosas muy personales de lo que representa este viaje para mí. Pero no lo haré. En vez de eso tengo que presentar una pregunta para continuar con el estilo del blog. Sí.
¿Cómo se oye un francés cuando está enfermo de gripa?

Thursday, June 19, 2008

El taco

El taco es el arquetipo de la comida mexicana, los mejores platillos nacionales se desprenden del taco. Sí.
Por un lado, los chilaquiles son los tacos surrealistas, sí.
Las tostadas son, definitivamente, la liberación de los ingredientes de la opresión de la tortilla, la comida mexicana es una lucha eterna entre la tortilla y todo lo que envuelve, el desarrollo gastronómico es la pugna entre los que dicen que la tortilla es la opresora y la prefieren y entre quienes creen el resto de los ingredientes merecen salir de su enajenación.
Las enchiladas son la Ilustración del taco, se toman los elementos que se han visto y se consideran valiosos, pero se presenta con otros elementos nuevos para aspirar a nuevos ideales.
Las quesadillas son los tacos piratas. Puesto que nunca hay quesadilla con carne, pero siempre puede haber taco con queso. La sincronizada es la hija bastarda de la quesadilla.
¡Ya!¡Ya! Lo siento, pero es que ayer me puse a debrayar después de ver la exposición de Carrington en Reforma.
Próximamente publicaré otros cuentos.

Monday, April 07, 2008

María

María

Ya hacían muchas horas que el humo del cigarro se encerraba en el cuarto y la pereza del oficial no le permitía levantarse para abrir la ventana de su cubículo. La cuarta taza de café ya se había enfriado y el oficial Villagómez no veía la razón para levantarse. Fumaba su último cigarro.

Esa joven, María, le había generado sentimientos y sensaciones inesperadas. La vio salir corriendo de la casa y gritando que la perseguían. Villagómez ya iba regresando a su casa, cuando a la chica huyendo de este sujeto. El oficial bajó corriendo del coche, por la inercia de la costumbre se acordó de apagar su coche; aventó el cigarro y salió al encuentro de la chica. El joven que la perseguía se paralizó al ver que María se sostenía del hombre que había aparecido para pedirle socorro, pero rápidamente recobró la valentía en sí mismo y amenazó al oficial, sin saber su calidad como tal.

Villagómez sacó la macana y lo amenazó, sin revelar su condición de guardián de la justicia. El joven no hizo caso y sacó una daga del bolsillo derecho del pantalón que revelaba unas marcas de sangre en la pierna derecha. El joven lanzó el primer golpe que hizo a Villagómez aventar a la chica atrás de él y apenas tuvo tiempo de esquivar la daga que cortaba el viento y no se detendría sino hasta atravesar el cuerpo del oficial que cayó al suelo. Rápidamente se levantó, alzó la macana que, al caer, impactó la mano del joven. Éste, en su enojo, embistió al policía y en el suelo lo intentó golpear. Pero estaba tan fuera de sí mismo que no podía coordinar su mano más de lo que un bebé coordina sus pasos para caminar. Así que Villagómez, que era docto en el arte de las peleas callejeras, soltó un golpe directo a la barbilla del joven y lo dejó inconsciente.

El oficial se levantó y calló a María, quien no había dejado de gritar durante todo el tiempo de la pelea. Pedía que no lastimara al chico pero que tampoco lo dejara golpearla. Una vez calmada Villagómez procedió a llamar a una ambulancia y apoyo de sus colegas. Sentía gran emoción por haber ayudado a la pobre chica y alguna otra sensación extraña. No sabía qué hacer. Llegaron sus compañeros, subieron al joven a una patrulla y a María, por falta de recursos y exceso de ineptitud, a la misma que su agresor. Villagómez se dirigió a la oficina, ahora debía rendir cuentas de sus actos.

Al llegar a la estación todavía espero por Dios sabe cuántas horas, pero tuvo tiempo de fumar dos cigarros y ver las formas que dibujaba el humo cuando bailaba con el aire frío de la noche, haciendo un juego de luces con la lámpara de la esquina más cercana y los reflejos de azul y rojo que hacían todo un espectáculo para el deleite visual. Cuando por fin llegó la patrulla, traía al joven sin la chica: la había ahorcado con las esposas. Villagómez enfureció y por poco se lanza contra el cuello del joven. Su acto había sido en vano, su grandeza se desvanecía como el humo del cigarro. Lo calmaron, encendió otro cigarro, declaró y se fue.

Al día siguiente se había sentado en su oficina, enojado y decepcionado. La peste de cigarro no saldría de allí por meses, pero no le importaba. María rondaba por su cabeza como mariposa en primavera, pero con más gracia. Era una lástima que la chica estuviera muerta. Había sido su héroe, su salvador, su redentor, aquel hombre a quien le agradecería de cualquier forma durante toda su vida. Ahora no tenía a su redimida y a su redentora pues ahora no tenía a la hermosa chica que podría violar justificadamente. Tampoco tenía cigarros. Se paró a la tienda para ir por más y, con suerte, otra aparecería.